Te encontrabas por cuestiones de trabajo en Senegal, en ese momento en la habitación del hotel donde te alojabas, me preguntaste - ¿qué haces? Yo conteste, - aun estoy en la cama y solté una carcajada nerviosa, tú sonreíste también y añadiste – pues yo estoy en la bañera tomando un baño caliente, hago tiempo hasta que vengan a recoge
rme.
rme. Yo empecé a reconocer el sonido del agua cuando agitabas tus manos, te comenté que también me bañaría cuando me levantara. Mi imaginación aprendió a volar en aquella época. Nos dedicamos una conversación deliciosa donde las preguntas y las respuestas eran absolutamente insinuantes y seductoras, algo especial nos estaba ocurriendo y su definición adoptaba nombre propio, deseo…
Al menos yo lo sentía en mi propio cuerpo. Mientras me hablabas y me contabas anécdotas de tu viaje, no podía dejar de imaginarte en esa bañera, desnudo, tu mano jugando con el agua, derramándola por tu pecho a la vez que me preguntaba cómo sería tu cuerpo, grande seguro, blanco de piel, de espaldas anchas y vello rubio al igual que tu pelo, apoyado en un costado de esa bañera llena de espuma que acariciaba tu piel.
Mi cuerpo empezó a reaccionar, cuando me quise dar cuenta estaba fuera de las sabanas, uno de mis pechos se había salido por el escote de mi mini camisón y su pezón eréctil reclamaba caricias. Obedeciendo a los estímulos que en ese momento se repartían por todo mi ser, empecé a acariciarme, con los ojos cerrados, embobada
Mi cuerpo empezó a reaccionar, cuando me quise dar cuenta estaba fuera de las sabanas, uno de mis pechos se había salido por el escote de mi mini camisón y su pezón eréctil reclamaba caricias. Obedeciendo a los estímulos que en ese momento se repartían por todo mi ser, empecé a acariciarme, con los ojos cerrados, embobada
en tus palabras, a veces hacías pausas como cuando no se sabe que decir y a la vez se quiere decir todo, entonces yo reaccionaba apurada porque no te percatases de mi estado. Esa mañana me arrastraba entre los sentires de una excitación incontrolada y la idea de sentirte desnudo, tan cerca y tan lejos de mí, yo quería pasar al otro lado, ser el agua, tu gel, ser la esponja que rozara tu cuerpo mojado, para más tarde ser la toalla que secara tu humedad, pararme en tus labios y sumergirme en tu boca, descifrando sabores…

Me costaba procesar todo lo que estaba sintiendo y descubriendo, tanto de mí como de ti, ese deseo me embriagaba por completo, enseñándome caminos nuevos donde mi sexualidad parecía acabarse de conocer, en una edad donde sentía que mi cuerpo hervía en pasiones nuevas, y me llevaban al más salvaje deseo que jamás había sentido por un hombre, asustada y a la vez maravillada, decidí dejarme llevar por las experiencias que se presentaban, comencé a descubrirme, a vivir una nueva intimidad donde mi sexo y yo éramos cómplices absolutos de la lascivia que provocabas en mi cuerpo.
Unos golpes sonaron en la puerta, tú asombrado dijiste: - Vienen a buscarme, te tengo que dejar, luego te volveré a llamar. Yo aun atontada por tanto sentir te dije – Vale, espero tu llamada. Un beso...
Unos golpes sonaron en la puerta, tú asombrado dijiste: - Vienen a buscarme, te tengo que dejar, luego te volveré a llamar. Yo aun atontada por tanto sentir te dije – Vale, espero tu llamada. Un beso...
Nos despedimos. 
Aun en la cama, mis manos recorrieron mi cuerpo, eran como si tuvieran vida propia y ni yo misma las pudiera controlar, al llegar a mi sexo este estaba hinchado, caliente, tan lleno de deseo que al tocarlo mi dedo se hundió en su profundidad, calado de mi excitación comencé a acariciar mi clítoris y ahí empecé a disfrutar del ritual de pensarte y dedicarte mis orgasmos, mientras que imagino que son tus dedos, tu boca, tu sexo, los que me dan el más maravilloso de los placeres convertidos en unos intensos e inimaginables orgasmos.

Aun en la cama, mis manos recorrieron mi cuerpo, eran como si tuvieran vida propia y ni yo misma las pudiera controlar, al llegar a mi sexo este estaba hinchado, caliente, tan lleno de deseo que al tocarlo mi dedo se hundió en su profundidad, calado de mi excitación comencé a acariciar mi clítoris y ahí empecé a disfrutar del ritual de pensarte y dedicarte mis orgasmos, mientras que imagino que son tus dedos, tu boca, tu sexo, los que me dan el más maravilloso de los placeres convertidos en unos intensos e inimaginables orgasmos.
Me enloquecía sentir el hambre de nuestros cuerpos, la sed por devorarnos las bocas, la necesidad por acoplar nuestros sexos. Quería oler a tu lascivia y empacharte de mi pasión en la locura de tus madrugadas, que tú fueras la razón de mis sueños y hacernos el amor hasta que el amanecer nos cubriera exhaustos de nosotros mismos.
Acudí a la fiesta de cumpleaños puntualmente, vestida con un bonito vestido abotonado hasta las rodillas y unas sandalias de color negro con un considerable tacón, no sé porqué razón pero mi instinto me decía que debía ir elegante. Me abrió la puerta Pedro, el marido de María, la casa estaba llena de gente y decorada con muchos globos de colores, parecía una fiesta infantil… La cumpleañera al verme salió a recibirme toda emocionada, ¡Has venido! No lo tenía yo tan seguro añadió a la vez que me dio un enorme abrazo, la entregué un pequeño obsequio, unos pendientes, los cuales unos días antes saliendo juntas del trabajo vimos en un escaparate y ella quedó prendada de ellos; al verlos empezó a gritar de alegría y terminamos volviéndonos a abrazar y a darnos un enorme beso, mientras esto sucedía observé que al fondo del salón alguien sonreía, un hombre de unos 45 años de edad, alto, rubio, de ojos claros, bien vestido, en conjunto resultaba un hombre muy atractivo, se acercó a nosotras, entonces María me lo presentó, resulto ser un primo de ella que vivía en el extranjero, concretamente en Dublín, y estaba casualmente en España por motivos de trabajo. En ese mismo instante conectamos, primero las miradas y después no dejamos de conversar y de sonreír, la noche iba pasando rápida, al igual que las copas de un delicioso vino que ofrecieron en la cena y provocaron en mí un



“Lámelo”,llénalo de saliva, yo acaté sus ordenes dócilmente y lamí gustosa ese dedo, después lo sacó y empezó a acariciar mi clítoris con él, mientras hacía movimientos pélvicos, su pene aun en mi interior, yo creí morir de deseo, deseo que esa mezcla me producía, mis jadeos y gritos iban en aumento hasta que ya no pude más y sucumbí en el más apetecible e intenso de los clímax que jamás había tenido, era casi insoportable , mis piernas se quedaron sin fuerza, apenas aguantaba la respiración, exhausta y al límite de desfallecer por el agotamiento salí de él de un solo tirón, volviéndome a sentar en el escalón, lo mire y aun extasiada le dije ¡Joder! ¿Así follas siempre tú…? , el sonrió y añadió ¿tomamos café?, yo contesté, tomamos café…